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Historias de desaparecidos
Sábado 12 enero, 2019

Seis años esperando a papá

•En enero del 2013 la policía de Arturo Bermúdez desapareció a ocho municipales de Úrsulo Galván
•Familiares deben ser fuertes para echar adelante a los hijos de los polis que sufren en silencio la ausencia de sus padres
•Ethan y Ricardo quedaron muy chicos cuando el padre adoptivo les fue arrancado por la violencia y así han marchado para salir adelante pese al acoso y la pobreza

Ignacio Carvajal

  • Aureliano Sánchez. Seis años desaparecido

  • Aureliano Sánchez. Seis años desaparecido

Seis años han pasado desde que el papá de Ethan y Ricardo desapareció. Durante los primeros meses él y su hermano, menores de edad, sufrieron bullying. Los otros niños les decían que a su papá, por ser policía, lo habían hecho pedazos y lanzado al mar como carnada para tiburones.
Sin el padre, que llevaba el sustento a la casa, llegaron las complicaciones económicas. Marisela Sánchez Gómez, madre de ambos, recuerda que hacía lo posible por llevar alimento y un poco de dinero a la casa al inicio de la crisis.
En ese tiempo hasta fueron echados de su casa pues el casero supuso que no tendrían dinero para cubrir la renta a tiempo.
El drama de lo que queda de esta familia veracruzana, una de tantas despedazadas durante el gobierno de Javier Duarte de Ochoa, comenzó el 11 de enero del 2013, cuando el padre de Ethan y Ricardo salió a patrullar con sus compañeros policías de la municipal de Úrsulo Galván.
En un pueblo vecino,fueron interceptados por un agrupamiento de la SSP que les detuvo y desarmó con el pretexto de una revisión al armamento.
Desde entonces no se sabe nada del comandante Agustín Rivera Bonastre y los policías Luis Alberto Valenzuela González, Juan Carlos Montero Parra, Samuel Montiel Perdomo, Alejandro Baéz Hernández, Javier Arau Molina, Guillermo Torres Perdomo y Aureliano Sánchez Tonil.
Sus esposas, madres y hermanas, se han aglutinado en el colectivo Solecito de Veracruz, y desde hace varios meses, buscan por su cuenta ante la indolencia de las autoridades.
Todos eran elementos de la policía municipal de Úrsulo Galván cuando fueron privados de la libertad por el grupo Tajín de la SSP, en ese entonces el titular de la SSP, jefe del grupo Tajín, era Arturo Bermúdez Zurita, quien actualmente lleva un proceso penal por desaparición forzada.
Sus esposas, madres y hermanas son el rostro visible de una lucha iniciada en una de las peores etapas de Veracruz; sin embargo, hay una historia mucho más cruel que refleja los daños colaterales de una desaparición forzada, los 13 huérfanos que se quedaron sin padre ese 11 de enero de 2013, y que desde entonces, como Ethan y Ricardo han llevado sus vidas acuestas, pues nadie les preparó para quedarse de pronto sin padres.
Ethan y Ricardo no eran hijos de Aureliano Sánchez Tonil, sino sus nietos, pero él los trataba como tal y durante varios años fue más que un padre, cercano, preocupado por los chicos, cuando se lo llevaron, estaban en plena trascendía a la adolescencia.
Los primeros años resultaron críticos por el acoso que padecían los jóvenes en la escuela y la poca atención de los maestros para evitar que fueran blanco de burlas.
La crueldad de los infantes llegó a tanto, que causaron serios estragos en la personalidad del pequeño que fue creciendo con depresión y problemas de inseguridad.
Al poco tiempo de la desaparición de su papá, y el poco apoyo institucional en esos años de Javier Duarte de Ochoa, Ethan comenzó a causarse cortadas en distintos puntos del cuerpo, brazos, piernas, espaldas. Se causaba daño aparentemente por su estado depresivo y proyectando el dolor que le dejaba la ausencia del único padre que conoció y que la violencia le quitó.
Marisela Sánchez Gómez tuvo que trabajar más dando masajes y colectando muestras para llevarlas a los laboratorios.
Con mucho esfuerzo encontró otra casa, y siguió luchando con los hijos-nietos para volverlos grandes. A ella se le quedaron muy chiquitos, ya que la madre se fue a trabajar a Estados Unidos.
En estos seis años, recuerda, han sido muchas las carencias, las privaciones, el no comer bien y el no detentar lujos, pero con el rostro en alto, ha podido hacer que los chicos retomen la escuela recordando las palabras del abuelo, quien no les quería ver fracasados.
Tanto Ethan como Ricardo retomaron la educación y el trabajo. De vez en cuando, Ricardo participa con algunos discos móviles ayudando a cargar cables e instalar bocinas para los bailes.
Ethan, aunque se esfuerza por superar la etapa de infringirse daño, no demuestra confianza en los demás. Tiene más afecto a sus dos gatos y a su perro, en quienes se entretiene largas horas jugando y dándoles amor.
El chico también se ocupa trabajando en jardinería y en cualquier otro empleo informal que le deje algo para pagarse los estudios y ayudar en casa.
Marisela Sánchez Gómez lucha diario para que su esposo regrese y que los chicos tengan donde llorarle.
Mientras sus hijos van a la escuela, eventualmente ella levanta tomas de muestras para llevarlas a laboratorios en donde gana un porcentaje por el proceso hasta la entrega de resultados.
Cuando hay espacio marcha con las otras mamás a los terrenos de Colinas de Santa Fe, en el puerto de Veracruz, porque está en una brigada de búsqueda con el Solecito de Veracruz. En esos terrenos se han localizado unos 300 cadáveres, de los cuales no se han identificado ni la mitad.
Marisela Sánchez Gómez y las otra madres y esposas de los policía desaparecidos, viven con la esperanza de encontrarlos. Muchas se han resignado a lo peor, Marisela Sánchez Gómez quiere que sus hijos tengan un lugar en donde llorar a su padre, pues cree que un hombre bueno y honesto como era él, eso merece.
Ya superó la etapa de “vivos se los llevaron, vivos los queremos, ahora solo pido que me regresen lo que haya de él”.


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