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Escenarios
Lunes 31 diciembre, 2018

Ciudad alucinante

•Ciudad sorpresiva
•Veracruz, 500 años

UNO. Ciudad alucinante

Veracruz, se dice Pedro el anacoreta desde su mirador en el Golfo de México, es una ciudad alucinante.
Es una ciudad con palomas viviendo en el palacio del Ayuntamiento y que según fueron desalojadas por una águila justiciera apodada Gengis, como el jefe implacable.

Luis Velázquez

Pero también es, o era, una ciudad de gatos que dormían en parque ecológico, al lado del Hospital Regional, donde fueron perseguidos por el alcalde panista.
Y es la ciudad de los pordioseros que de día piden limosna en el centro urbano de la ciudad y en la noche duermen en la avenida principal, tendidos sobre una almohada vieja, con un sarape protegiéndose del tibio frío en la madrugada, y al amanecer comen picadas y gordas en el viejo mercado de Pescadería.
También es la ciudad de las gaviotas volando sobre la bahía, a la caza de algún pescado saltarín que atrapan al vuelo cuando emerge del agua salada, aun cuando nadie las ha visto, pero lo presumen.
También es la ciudad donde el centro urbano, la llamada zona histórica por excelencia, allí donde Hernán Cortés fundara el primer Ayuntamiento en tierra firme en el continente, huele a orines, orines de borrachos en las noches finsemaneras, las mismitas que tanto deslumbraron a uno de los mejores cronistas de Estados Unidos, Jack London, cuando enviado especial de su periódico al lado de las tropas norteamericanas en 1914.
Y es la ciudad donde una chica suele vender cigarros y dulces y chicles y cacahuates en Los Portales, y si los clientes la rechazan, entonces, se inmola y ofrece su cuerpo con tal de llevar el itacate y la torta a sus dos hijos de 5 y 6 años de edad.

DOS. La ciudad sorprende…

Veracruz también es la ciudad que huele a vieja en el primer cuadro. Tanto que el primer paisaje está integrado por edificios, departamentos, casas y negocios descoloridos, abandonados, sin pintar y menos sin remodelar, creando y recreando la sensación y la percepción de una ciudad en el peor de los mundos como cuando en 1924 el líder socialista, Herón Proal, un sastre, lanzó el movimiento inquilinario donde las prostitutas sacaran a la calle los colchones de sus casas de vecindad donde practicaban el sexo rápido y los incendiaran en señal de protesta contra los casatenientes.
Y en un segundo plano del paisaje, Veracruz es la ciudad llena de anuncios de edificios, departamentos y casas en venta en el cuadro histórico, porque el sur, ubicado en Boca del Río, ya la desplazó con sus plazas comerciales y desarrollos urbanísticos, de tal forma que Veracruz, Boca y Alvarado son municipios conurbados.
Y es la ciudad, y en donde por desgracia, el primer saludo a los turistas cuando entran por la zona norte son los olores nauseabundos emanados de la planta de aguas negras y que luego se prolongan y multiplican cuando se camina en el malecón y el bulevar porque la ciudad descarga sus aguas negras en el mar, apenas, apenitas, apenititas a unos cuantos metros de la playa y hasta las gaviotas huyen despavoridas y asqueadas con el olor putrefacto de una ciudad donde todos los días se consumen toneladas de masa en tortillas, tacos, picadas y gordas y huevos cocidos, como los que vendían en el Ferrocarril Mexicano cuando partía de Veracruz a la Ciudad de México.
Y es la ciudad, donde con tantos años, los chicos buceadores en la bahía siguen zambullándose al fondo del mar para quedarse con las monedas lanzadas por los turistas que todavía, vaya paradoja, se entretienen con la pobreza, la miseria y la jodidez.

TRES. Los excéntricos son felices

Veracruz también es la ciudad donde los excéntricos son felices.
Por ejemplo: cada noche en algunas avenidas, incluso, sobre el bulevar, y calles, están llenas de homosexuales que compitiendo con las trabajadoras sexuales venden sus servicios a los hombres calenturientos.
Y lo más indicativo, todos son demandados y tienen chamba, y si continúan allí desde tiempo histórico y legendario, significa que les va bien y las partes quedan contentas y satisfechas.
Es más, hubo tiempo estelar cuando la fama pública de un gay estremecía a los hombres de los diferentes y encontrados niveles sociales hasta que una noche, madrugada, amanecer, sabrá el chamán, fue secuestrado, desaparecido y asesinado y su identidad se perdió en el anonimato.
Pero en contraparte, la fama pública registra, por ejemplo, que sobre la avenida Díaz Mirón, puerta de entrada a la ciudad hace dos, tres siglos, y en el parque Zamora, la diversidad sexual alcanza la plenitud, incluso, teniendo a un lado una delegación policiaca.
Incluso, antros y discotecas existieron o existen donde uno que otro político era asiduo ferviente y con los suyos se adueñaba de la noche y era aclamado como el rey de los gays en el destrampe más inusitado de su vida pública y privada y cuyas hazañas eran descritas con gran sentido del humor por el rey cómico jarocho, “El Toper”, y su ayudante.
Con todo, Veracruz es una ciudad que el año entrante cumplirá 500 años de fundada por Hernán Cortés, quien iniciara la conquista española una madrugada cuando fue sorprendido en una alcoba ajena por un marido ofendido y desnudo se trepó a la azotea y de azotea en azotea fue huyendo hasta llegar a la zona portuaria de España y ordena la salida de los buques a la conquista de América.
Pedro el anacoreta está feliz, retirado del mundo, leyendo periódicos y libros, y caminando cada mañana, antes del amanecer, en un parque vecino acompañado de su perrito.


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