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Jueves 19 julio, 2018

Tierra volcánica

Veracruz es tierra volcánica. Todos los dí­as, la vida, prendida con alfileres. Un asalto, un robo, un secuestro, un asesinato. Un feminicidio. Nadie está libre. Es el nuevo paisaje social de “la noche tibia y callada” de Agustí­n Lara.
Y es que cuando una presidenta municipal encomienda a Dios la tranquilidad y la paz pública en su municipio, Nanchital (Zoila Barradas Guzmán), entonces, caray, sólo queda salir huyendo en búsqueda de un paraí­so.

Luis Velázquez

Nanchital, el famoso paraí­so que fue cuando Francisco “Chico” Balderas era el lí­der sindical y tení­a una imagen gigantesca de la Virgen de Guadalupe en su despacho y todos los dí­as se arrodillaba para rezar.
Ahora, ni modo, el infierno.
Sus frases bí­blicas la delatan:
“Todos los dí­as me encomiendo a Dios.
Todos aquí­ vivimos con zozobra y en la zozobra.
Y vas a Coatzacoalcos y están igual.
La gente tiene miedo por la inseguridad” (Elizabeth Aviña, alcalorpolí­tico).
La incertidumbre en el diario vivir, en el vivir cotidiano, en los dí­as y noches de Veracruz, ha quedado como el más grave pendiente social de la yunicidad.
Falló la estrategia polí­tica.
Claro, tampoco pudo Enrique Peña Nieto. Ni Felipe Calderón Hinojosa.
Y si la yunicidad gobernará durante 2 años, menos.
Y más, cuando los carteles se adueñaron de Veracruz desde el sexenio de Patricio Chirinos Calero, 1992/1998.
Mucha agua, desde entonces, “ha corrido bajo el puente”.

UN PUEBLO EXIGE JUSTICIA

Semanas anteriores, Nanchital vivió de nuevo el infierno.
Fue cuando los malandros secuestraron a un joven estudiante de 18 años cuando se ejercitaba.
Entonces, pidieron un rescate de un millón y medio de pesos a los padres.
Y los padres pagaron.
Y los malosos lo asesinaron.
Y arrojaron su cadáver en una laguna.
Y la población tomó las calles y avenidas reclamando justicia a la pobrecita presidenta municipal, rebasada por las circunstancias.
La pesadilla del pueblo y la pesadilla de la alcaldesa quien, de plano, desarmada, incapaz, rebasada, impotente, solo se encomienda a Dios.
Pero a principios del siglo pasado, Ignacio Ramí­rez, “El nigromante” aseguró que Dios no existí­a.
Entonces, en Rusia, Dostoievski precisó: “Si Dios no existe… yo soy Dios”.
Y Nietzche le reviró diciendo que Dios era él.
Y Arthur Rimbaud, el poeta del surrealismo, lanzó su frase célebre: “¡Muera Dios!”.
El caso es que mientras los intelectuales y escritores pelean por la existencia de Dios, la alcaldesa de Nanchital confí­a el destino del pueblo al Ser Supremo.

UNA LIMOSNITA, POR AMOR DE DIOS

Pero su confianza en un Ser Superior estrella con una realidad avasallante.
Por ejemplo:
Mientras los carteles siguen adueñados del pueblo, mejor dicho, de Veracruz, ella tiene la encomienda de reinstalar la corporación policiaca.
Unos quince policí­as han desertado.
Y de 45 elementos que necesita apenas, apenitas lleva 24.
Y es que en otros municipios les pagan más, y ni modo, el Ayuntamiento de Nanchital está en desventaja.
Y aun cuando pidiera una limosnita a la secretarí­a de Seguridad Pública, el titular solo le autorizó un patrullaje pero solo dos dí­as a la semana, y el resto, descobijados.
Mejor dicho, encomendándose a Dios que tan ocupado estará en Nicaragua para detener la locura polí­tica de los dictadores Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, y quienes herederos de Anastacio Somoza llevan trescientos 50 muertos en una represalia que se creí­a superada en América Latina.

UNA CADENA DE ORACIÓN

La yunicidad se concentró en la persecución a los polí­ticos pillos y ladrones y tiene a treinta y cuatro encarcelados en el penal de Pacho Viejo.
Pero la secretarí­a de Seguridad Pública fue rebasada por el principio de Peter y Veracruz sigue como un rí­o de sangre y un valle de la muerte donde nadie, ni los ricos, están exentos de un asalto o un secuestro, de una desaparición o un asesinato.
Además, de los civiles muertos en tiroteos, balaceras y fuegos cruzados.
Y por más y más reuniones semanales para evaluar y calibrar la estrategia de seguridad, los malandros van por delante imponiendo la agenda pública, obligando a las corporaciones policiacas a una polí­tica reactiva.
“Todos vivimos con zozobra”, dice la alcaldesa, y el único consuelo es encomendarse a Dios, el Dios que nadie ha visto ni siquiera aquel Sumo Pontí­fice que lo alucinara una madrugada en un pasillo del Vaticano, pero que, sin embargo, se afirma, todo mundo siente y le reza.
Nada fácil serí­a que la hija de Francisco Balderas, la edil de Nanchital, convoque a una gran cadena de oración que bien podrí­a extenderse del sur de Veracruz al norte y al este y al oeste.
Quizá los padrenuestros y avemarí­as serí­an escuchados en el palacio de gobierno de Xalapa.

DEL PARAíSO AL INFIERNO

La presidenta municipal llena el corazón de ternura. Más entrona fue, por ejemplo, la alcaldesa de Tamiahua quien enviara unas croquetas de regalo a los reporteros del periódico “La Opinión”, corresponsalí­a en Tuxpan, harta, dijo, del chantaje.
Ya desde Benito Juárez, la vida pública es clara. Lo que es Dios de Dios y lo que es del César del César.
Se dirá que en un pueblo guadalupano encomendarse a Dios es una forma cultural de expresarse. Y más, cuando Enrique Peña Nieto convocó la frase bí­blica para referirse a la corrupción polí­tica de que “aquel que esté libre de pecado… que tire la primera piedra”.
Pero, bueno, cuando la primera autoridad municipal llega a tal nivel de desesperación solo queda formar guardias comunitarias y redes vecinales y comprarse un doberman y un bate (y/o una R-15), y si se puede, contratar un escolta para la vigilancia en casa.
Del paraí­so que deslumbrara en 1800 a Alejandro de Humboldt, Veracruz, el infierno.


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