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Sábado 02 diciembre, 2017

Un iluminado en la SEDARPA

•Ramón Ferrari, intocable
•Estercolero en el campo

Uno. Un iluminado en SEDARPA

Según el relato bíblico, en la vida hay tiempo de vacas gordas y tiempo de vacas flacas.
Tiempo, diría el chamán de Nopaltepec, “de sumar, sumarse y sumirse”.

Luis Velázquez

Por ejemplo, tiempo de vacas gordas para Ramón Ferrari Pardiño, dos veces secretario de Desarrollo Agropecuario y cuando el campo y los indígenas y campesinos cayeron en el sótano de la pobreza, la miseria, la jodidez y la desigualdad social, económica, educativa y de salud.
Miguel Alemán Velasco, el dueño de Interjet y que antes lo fuera de Televisa, gobernaba Veracruz.
Ramón Ferrari fue nombrado titular de la SEDARPA.
Meses después de pronto, zas, dejó de pagar el sueldo a los jefes de los mandos medios y bajos.
Y pasaron un mes y dos y tres y cuatro y cinco, y a ninguno les pagaba diciendo, como siempre, que no había dinero en la secretaría de Finanzas y Planeación.
En contraparte, sus huestes (conocida como “Los bembones”) llevaban vida principesca a la sombra y el cobijo del poder.
Entonces, y como las circunstancias estaban pegando duro y fuerte en el bolsillo de los burócratas, uno de ellos, ingeniero agrónomo, Jesús Arenas, jefe de Programas en el Comité de Sanidad Vegetal, se sublevó, y organizó una resistencia pacífica.
Todos ellos terminaron con una marcha en Xalapa y se plantaron frente al palacio imperial y faraónico de Miguel Alemán, reclamando su legítimo pago salarial.
Fue un revés que nunca, jamás, perdonaría Ferrari Pardiño, rencoroso y vengativo, a Jesús Arenas.
Y más, porque los recursos que en Sanidad Vegetal manejaban para el campo en Veracruz eran de procedencia federal y Ferrari, desde entonces, los desaparecía.

Dos. Intocado e intocable

El agrónomo Jesús Arenas se mantuvo en la SEDARPA ante los vendavales, pero tiempo después, y ante tanta adversidad, prefirió retirarse, pero dado sus conocimientos, dominio del campo y experiencia, pero también su honestidad, reapareció en la delegación federal de la secretaría de Agricultura.
Entonces, Ferrari ya estaba en la secretaría de Desarrollo Agropecuario de Javier Duarte.
Lleno de odio y venganza, Ferrari llegó a la delegación de la SADARPA con el único objetivo de pedir, háganos favor, la renuncia de Jesús Arenas.
Y desde luego, en la SEDARPA lo mandaron “por un tubo”, con todo y que se creía y sentía poderoso, intocado e intocable con Duarte de gobernador.

Tres. Vacas flacas

El tiempo de las vacas flacas, muy flacas, demasiado flacas, casi casi con los huesos pegados al pellejo, para Ramón Ferrari es ahora.
Según las versiones, el gran líder de “Los bembones” que fuera dueño único y absoluto de Boca del Río, más de una década imponiendo su ley en el campo de Veracruz como médico general que era y que nunca ejerció, es un prófugo de la justicia.
Y desde hace ratito, cuando trascendiera que la Fiscalía tenía lista una denuncia penal en su contra para aplicarse, según las versiones anda huyendo.
El último ramalazo lo asestó el secretario de Desarrollo Agropecuario, Joaquín Guzmán Avilés, “El chapito” cacique de Tantoyuca, en la comparecencia en la LXIV Legislatura, y en donde revelara que ha interpuesto trece denuncias por irregularidades detectadas en el tiempo de las vacas gordas de Ramón Ferrari.
Además, develó, el ORFIS, Órgano de Fiscalización Superior (que nunca en el duartazgo lo denunciara) interpuso otras denuncias por el presunto daño patrimonial de un mil millones de pesos.
El periódico Notiver tituló así la nota:
“Se clavaron casi dos mil millones de pesos”.
Y en el zipizape y estercolero administrativo habría, digamos, participado Ramón Ferrari como jefe máximo, pero también, otros funcionarios… de su confianza.

Cuatro. Ambiciones insaciables

Once duartistas han pasado y están presos en el penal de Pacho Viejo.
Javier Duarte en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México.
La Procuraduría General de la República, PGR, ha denunciado que sigue la pista a Karime Macías, luego de las pruebas condenatorias entregadas por el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares.
Hay más de seiscientas denuncias penales en contra de igual número de duartistas en la Fiscalía.
La yunicidad ha descubierto la peligrosa banda de “Las despensas, las láminas y las cobijas” en que participan funcionarios del sexenio anterior y atracan a los presidentes municipales.
Y, bueno, está manifiesto que el saqueo a las arcas públicas fue incalculable.
Entre ellos, caray, Ramón Ferrari Pardiño, el político boqueño que se declaraba un ángel de la pureza, un hijo de Dios, la encarnación de la honradez pública.
Más si se considera que su padre le heredó un consorcio gastronómico que le permitió adquirir, “con el tiempo y un ganchito” hasta un ranchito en Los Robles sembrado con piña.
Y todavía, “meter la mano al cajón”, resulta insólito, increíble, inverosímil.
Claro, el dicho popular es contundente:
“Entre más tiene… más se quiere”.
El sicólogo también dice que la ambición y la codicia son insaciables, a tono, digamos, con la frase bíblica del fogoso de que “no tienen llenadera”.
El académico de la UNAM y sociólogo, Gabriel Careaga, lo dice en un libro sobre las clases medias:
Los ricos de abolengo ricos son, y las clases medias sueñan con parecerse a ellos.
Y si son políticos se destrampan arañando el ingreso fácil, y aun cuando las clases medias se enriquecen, nunca, jamás, los ricos de nacimiento los aceptan, aun cuando los mastican, porque ellos son una clase selecta.
Ramón Ferrari, como tantos otros duartistas, soñaron con el paraíso terrenal y terminaron en el infierno.
¡Ah, el tiempo de las vacas gordas!


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